Abraham es un personaje bíblico que destacó por su inmensa fe en Dios, la cual fue fortaleciéndose con el paso del tiempo. Sara, su esposa, era una mujer extraordinaria no solamente por su belleza, sino por su también profunda fe en Dios. Ellos no tenían hijos, pero con seguridad disfrutaban el tiempo que compartían sirviendo al Señor, además de haber adoptado a Lot, el sobrino de Abraham que había quedado huérfano.

“Un día el Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te voy a mostrar. Con tus descendientes voy a formar una gran nación; voy a bendecirte y hacerte famoso, y serás una bendición para otros”. Génesis 12:1-2

Abraham confió y creyó que Dios lo guiaría, por lo que dejó su hogar y partió con su familia a un territorio completamente desconocido. Llegaron a Canaán y continuó siendo un forastero y peregrino en tierra extraña, pero en ningún momento hubo cuestionamientos ni dudas, únicamente esa fe extraordinaria que él siempre tuvo en el poder y las promesas de Dios.

“El Señor le dijo a Abram: «Desde el lugar donde estás, mira bien al norte y al sur, al este y al oeste; yo te daré toda la tierra que ves, y para siempre será tuya y de tus descendientes. Yo haré que ellos sean tantos como el polvo de la tierra. Así como no es posible contar los granitos de polvo, tampoco será posible contar tus descendientes. ¡Levántate, recorre esta tierra a lo largo y a lo ancho, porque yo te la voy a dar!»” Génesis 13:14-17

Pero la prueba de fe más grande que pasó Abraham , fue la entrega de su único hijo como sacrificio. Él pensaba que Dios tenía una buena razón para pedirle que sacrificara a Isaac, el hijo que Dios había prometido a Sara cuando ella ya tenía 90 años, y que incluso podría levantarlo de la muerte si fuera necesario para cumplir su promesa de descendencia. Nuevamente, este hombre no dudó un solo momento del poder y las promesas de Dios. Él confió.

“Por fe, Abraham, cuando Dios lo puso a prueba, tomó a Isaac para ofrecerlo en sacrificio. Estaba dispuesto a ofrecer a su único hijo, a pesar de que Dios le había prometido: «Por medio de Isaac tendrás descendientes.» Es que Abraham reconocía que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos; y por eso Abraham recobró a su hijo, y así vino a ser un símbolo”. Hebreos 11:17-19

Nosotros pues, debemos confiar en las promesas de Dios como lo hizo Abraham en su momento. Pero existe diferencia entre confiar en nuestras propias “obras” y confiar en Dios, pues no basta en confiar únicamente en la ley de Cristo, sino que debemos hacer buenas obras que demuestren verdadera obediencia y fe viva. Nuestra fe se perfecciona a medida que realizamos buenas obras.

“Abraham era ya muy viejo, y el Señor lo había bendecido en todo”. Génesis 24:1

¿Seguiremos el ejemplo de Abraham? Necesitamos creer en el poder y las promesas de Dios, sin dudar. Necesitamos creer y estar dispuestos a obedecer voluntariamente a nuestro Padre, para quien nada es imposible. Pero no tengamos una fe muerta, no nos limitemos a tener la convicción de que La Palabra de Dios es verdad y que Él llevará a cabo todo lo que nos ha prometido, hagamos buenas obras para tener una fe viva.

 

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