Él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Tito 3:5 (NVI)

Comencemos por definir qué es misericordia, en la Real Academia Española se define de la siguiente manera:

  • Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenas.
  • Atributo de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas.
  • Porción pequeña de alguna cosa, como la que suele darse de caridad o limosna.

Para el cristiano, la misericordia es sinónimo de consideración, amabilidad y perdón, rasgos que podemos apreciar en la personalidad de Dios. Jesús dijo en Lucas 6:36 lo siguiente: Sean ustedes misericordiosos, así como su Padre es misericordioso (LNBH). Como hijos de Dios, debemos mostrar misericordia para los que nos rodean, así como Dios tuvo misericordia de nosotros al darnos la salvación.

El plan de salvación para la humanidad es la misericordia de Dios manifestada a través del sacrificio de Jesús en la cruz, esa es la muestra más grande de que tenemos un Padre misericordioso, un Padre que anhela que sus hijos actúen de la misma manera en los distintos ámbitos en los que nos desarrollamos.

No podemos ir por el mundo únicamente juzgando y criticando la condición de nuestro prójimo, al contrario, es nuestra responsabilidad tenderles la mano y en el nombre de Jesús poder ayudarlos a salir de esas situaciones. Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron.” Y le contestarán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?” El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí.” Mateo 25:35-40 (NVI)

Ser misericordiosos es ser la luz del mundo. Existe mucha necesidad, mucho dolor, la gente necesita de los hijos de Dios, dejemos a un lado la indiferencia y seamos los agentes de cambio que nuestra sociedad necesita, recordemos que un día daremos cuentas de todo lo que Dios nos ha dado y de lo que hicimos con ello. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos. Hebreos 4:16 (NVI)

¡Dios te bendiga!