Comencemos por definir lo que significa la palabra “paciencia”; según la rae se define como la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse, también se dice que es la facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho.

La Biblia nos dice que la paciencia es un fruto del Espíritu Santo, eso quiere decir que es un don que proviene de Dios, en comparación con la definición de la rae, esto quiere decir que no basta únicamente con ser paciente cuando queremos o deseamos algo, la paciencia revela nuestra fe en los planes, la omnipotencia y el amor de Dios. Aunque la mayoría de la gente considera que la paciencia es una espera pasiva o una gentil tolerancia, casi todas las palabras griegas traducidas como “paciencia” en el Nuevo Testamento son palabras dinámicas y activas. Considera por ejemplo Hebreos 12:1: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.”

La paciencia calma el enojo; las palabras suaves rompen la resistencia. Proverbios 25:15 (DHH). La impaciencia nos puede llevar a cometer acciones de las que luego seguramente nos vamos a arrepentir, es por eso que debemos guardar la calma y la paz de Dios nos va a guiar para tomar las mejores decisiones. Los seres humanos perdemos la paciencia muy fácilmente cuando nos vemos acorralados por circunstancias adversas o cuando no sucede lo que estábamos esperando, sin embargo Dios desea que aprendamos a ser pacientes en Él, en sus planes y propósitos para nuestra vida.

La próxima vez que te encuentres en un embotellamiento de tránsito, seas traicionado por un amigo, o ridiculizado por tu testimonio, piensa en ¿cómo actuaría Jesús en tu lugar?

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