Jesús es considerado el mayor ejemplo de autoridad y humillación, y también de obediencia.  Toda su vida es un misterio de continua obediencia al Padre: desde su venida al mundo, hasta su muerte en la cruz. Siendo precisamente ese modelo, el que estamos obligados a seguir para agradar a Dios y vivir de acuerdo a Su propósito.

“Jesús les dijo: «Mi comida es obedecer a Dios, y completar el trabajo que Él me envió a hacer”. Juan 4:34

Jesús era uno mismo con Dios, sin embargo Él no se aferró a esta misma naturaleza y atributos. Al contrario, en un acto de obediencia, se hizo hombre para elevarnos a la condición de hijos de Dios por medio de su sacrificio. Él no se empeñó en hacer uso de sus poderes o riquezas, como los hombres lo hacen. Sin embargo, no significa que haya perdido su Divinidad, únicamente se encarnó para introducirse en nuestro mundo.

 “Tengan unos con otros la manera de pensar propia de quien está unido a Cristo Jesús, el cual: Aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferró a su igualdad con él, sino que renunció a lo que era suyo y tomó naturaleza de siervo. Haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz”. Filipenses 2:5-8

Jesucristo aprendió también la obediencia desde su naturaleza humana, pues el Padre no le manifestó siempre su voluntad de manera directa por medio de su comunión divina. Por ello se considera a Cristo el modelo de obediencia humana, de manera que nosotros nos vemos obligados a hacer esto mismo. Necesitamos tener la mente, disposición y sentir que tuvo Jesús en su corazón, para hacer la voluntad de nuestro Padre.

“Aunque él era Hijo de Dios, por medio del sufrimiento aprendió lo que significa obedecer siempre a Dios”. Hebreos 5:8

 

CARACTERÍSTICAS DE LA OBEDIENCIA DE JESÚS:

Estaba  consciente que debía cumplir la voluntad del Padre. Desde el inicio, Jesús tuvo completa claridad de su misión en esta vida.
No buscaba hacer su propia voluntad. Su vida se basó en una regla básica: buscar la voluntad de Dios, haciendo a un lado cualquier deseo humano que hubiera en Él.
Fue capaz de renunciar a cualquier deseo. La oración es una disciplina espiritual que nos acerca a nuestro Padre y activa en nosotros el dominio propio.
Se negó a sí mismo y obedeció hasta la muerte. Como Hijo de Dios, hizo a un lado esta posición, y se hizo hombre, pero sin perder Su poder.

Las características mencionadas y los diversos ejemplos de obediencia de parte de Jesucristo que encontramos en la Biblia, deben modelar nuestra obediencia al Señor. Sin duda esta labor no es para sencilla, pero debe impulsarnos el amor de nuestro Padre, que ha sido derramado en nuestros corazones.

No olvides seguirnos en nuestras redes sociales: Facebook y Twitter.