Pedro, según relatan los Evangelios, era un pescador judío de Galilea. Su nombre de nacimiento era Simón y Jesús le dio el nombre de Pedro. De todos los apóstoles, él fue el primero en reconocer a Jesús como el hijo de Dios. Jesucristo mismo lo reconocía como un verdadero hombre de fe.

Pasando por la orilla del mar de Galilea, Jesús vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban la red al lago, pues eran pescadores. «Vengan, síganme —les dijo Jesús—, y los haré pescadores de hombres». Al momento dejaron las redes y lo siguieron. Marcos 1:16-18

Era tal la confianza de Jesús hacia Pedro, que lo eligió como la roca para construir sobre ella su Iglesia. Le dio también el poder para admitir o excluir a los miembros de la comunidad de los cielos.

Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo. Mateo 16:19

Durante la última cena, Jesús anunció la traición de Pedro. Éste último juró no apartarse de Jesús, pero más adelante se cumplió la profecía anunciada. Pedro negó ser su discípulo ante una portera, los guardias y un siervo del Sumo Sacerdote.

―¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre? —le preguntó la portera. ―No lo soy —respondió Pedro. Juan 18:17

Mientras tanto, Simón Pedro seguía de pie, calentándose. ―¿No eres tú también uno de sus discípulos? —le preguntaron. ―No lo soy —dijo Pedro, negándolo. Juan 18:25

―¿Acaso no te vi en el huerto con él? —insistió uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja.  Pedro volvió a negarlo, y en ese instante cantó el gallo. Juan 18:26-27

A pesar de la traición de Pedro, lo más importante (y la lección) de la historia sucede más adelante… cuando Pedro afirma tres veces su amor por Jesús. Este amor se muestra en su obediencia y disposición para servir a los demás.

Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Simón Pedro: ―Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? ―Sí, Señor, tú sabes que te quiero —contestó Pedro. ―Apacienta mis corderos —le dijo Jesús.  Y volvió a preguntarle: ―Simón, hijo de Juan, ¿me amas? ―Sí, Señor, tú sabes que te quiero. ―Cuida de mis ovejas. Por tercera vez Jesús le preguntó: ―Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? A Pedro le dolió que por tercera vez Jesús le hubiera preguntado: «¿Me quieres?» Así que le dijo: ―Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. ―Apacienta mis ovejas —le dijo Jesús—. Juan 21:15-17

Podemos equivocarnos, podemos incluso fallarle a nuestro Padre, pero retomar el camino correcto y demostrar que verdaderamente lo amamos es lo que estamos obligados a hacer.

Nos acercamos a la época en la que recordamos los sucesos protagonizados por Jesucristo entre la última cena y su muerte. Recordaremos estos episodios evangélicos de forma especial en nuestra cuenta de Facebook, síguenos y acompáñanos a conmemorar y adorar a nuestro Salvador.