David antes de morir nombró como sucesor a su hijo Salomón, quien era aún bastante joven cuando se convirtió en rey. Una noche se le apareció en un sueño ofreciendo darle lo que él quisiera. El rey, consciente de su falta de experiencia, le pidió sabiduría para gobernar bien a su pueblo. A Dios le agradó su petición, por lo que se la concedió.

“Salomón, el hijo de David, se convirtió en un rey muy poderoso, gracias a la ayuda de Dios”. 2 Crónicas 1:1

El joven llegó a tener mucha fama, gracias a su sabiduría. En una ocasión acudieron a él dos mujeres, quienes afirmaban ser la madre de un bebé. Salomón ordenó que cortaran al niño por la mitad para entregarle una parte a cada una, pero una de las mujeres suplicó que le entregaran el niño completo a la otra, por lo que Salomón supo que ella era la verdadera madre. Cuando el resto de la nación se enteró de lo sucedido, se alegró y comprendió que él tenía la sabiduría de Dios.

“Dios le dio a Salomón sabiduría, inteligencia y gran capacidad para comprenderlo todo”. 1 Reyes 4:29

Durante su gobierno, Dios bendijo al pueblo con tierra fértil que daba mucho trigo, cebada, uvas, higos y otros alimentos. Los israelitas vestían buenas prendas y vivían en adecuadas casas. Se construyó también un majestuoso templo en Jerusalén. El pueblo disfrutó de mucha paz y prosperidad.

“Durante el reinado de Salomón todas las familias de Israel y Judá vivieron con tranquilidad, paz y seguridad”. 1 Reyes 4:25

La rectitud y justicia que caracterizaron este gobierno y que se difundió en la sociedad al aplicar la Ley de Dios, fue lo que permitió la prosperidad de dicha nación. También se ha atribuido a Salomón la autoría de varios libros del Antiguo Testamento: Cantar de los Cantares, Eclesiastés, Proverbios y los Salmos de Salomón.

“Te concedo tu deseo, y además te haré el rey más rico, poderoso y famoso que haya existido. Nadie podrá igualarte jamás”. 2 Crónicas 1:12

Este reinado fue el más próspero y pacífico de la historia del antiguo Israel, gracias a la bendición de Dios. Hoy te invitamos a que al igual que Salomón, te acerques a Dios para pedirle su sabiduría, y poder así experimentar mayor prosperidad.