CON PACIENCIA Y FE

Luis y Alba Irál vivieron su matrimonio en medio del alcohol y la violencia. Esa terrible adicción dominó su relación por muchos años.

Desde que tenía 16 años, Luis cayó en las garras del licor gracias a un grupo de amigos que lo indujeron. Conforme fue ahogándose en esa adicción Luis abandonó los estudios y comenzó un negocio conocido como “reducidor”, es decir que vendía objetos robados a precios más bajos.

Aún consumido en el alcohol, Luis conoció a Alba, quien se convertiría en su esposa. Alba nunca viola adicción de Luis como un problema pero su madre sí, por lo que le prohibió la entrada a Luis a su casa, por esta razón Alba y Luis se casaron a escondidas.

Pero lo que ninguno de ellos sabía era que estaban a punto de vivir un verdadero infierno. El alcoholismo de Luis lo convirtió en un hombre violento y agresivo, y empezó a descargar su furia en Alba. “La agredía de palabra y físicamente, fue tal la violencia en una ocasión, que llegué a golpearla y hacerla sangrar y todo por llegar borracho”, recuerda Luis.

A pesar de la pesadilla que ambos estaban viviendo, Alba nunca desistió y al poco tiempo quedó embarazada de su primera hija, lo cual le trajo una gran alegría que duraría poco porque esa pequeña también sería una víctima más de la adicción de Luis. “Yo estaba feliz con mi primera niña, a la que amaba tanto”, cuenta Alba.

En una ocasión Alba necesitaba dinero para comprar leche para su hija, pero cuando se lo pidió a Luis este se enojó y se fue al baño. Aprovechando que él se estaba duchando, Alba revisó su billetera y encontró dinero, pero Luis se dio cuenta e inmediatamente la tomó y la golpeó como nunca antes.

“Este hombre sale y me pega en mis ojos y yo solo veía luces, mis ojos se hincharon y las paredes estaban llenas de sangre”, recuerda Alba.

A pesar de esa crisis, Alba no encontraba las fuerzas para dejar a su esposo, pero eso estaba a punto de cambiar cuando ella un día encendió la televisión y escuchó el testimonio de una mujer que parecía conocer toda su vida, lo cual llamó la atención de Alba.

“Ese testimonio me habló a mí, entonces dijeron que si alguien tenía un problema similar hiciera una oración y yo la hice pero puse más atención al número de teléfono de mi país y llamé inmediatamente, resultó ser una Iglesia y me dijeron que fuera, entonces yo fui…”

En aquella Iglesia Alba encontraría alguien que le daría un nuevo sentido a su vida y esa persona era Jesucristo. A partir de ese momento ella abrió su corazón al Señor y todo empezó a cambiar aunque su esposo aún no dejaba el licor, pero ella ya no se sentía triste y tenía las fuerzas para salir adelante junto con Luis.

Yo oraba diciendo, Padre celestial tú has dicho en tu palabra “cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa“, Luis es mi esposo Señor, él es mi casa, yo lo reclamo para Cristo; hice esa oración durante 5 años”, cuenta Alba.

Las plegarias de Alba fueron escuchadas, pero fue un largo proceso para que Luis se acercara a Dios y dejara el licor. “Dios empezó a trabajar en mi vida, mi esposa oró por mí muchos años y yo comencé a decirle que quería dejar el licor, pero que yo sólo no podía porque era muy difícil, que me diera más tiempo”, recuerda Luis.

Pero el poder de Jesús que todo lo puede consiguió curar a Luis, y ahora él y Alba disfrutan de una nueva vida donde reina el amor y la paz de Dios. Atrás quedaron los golpes y la violencia; ahora disfrutan de su matrimonio al lado de sus hijas.

“Dios quitó de mí el alcohol y mi vida comenzó a cambiar. Deje totalmente el licor, hoy en día ya no me hace falta para nada. Estoy viviendo una vida normal con mi esposa, una mejor relación con mis hijas y en mi lugar de trabajo”.

“En todo el sentido de la palabra él es un esposo nuevo, él es un padre nuevo, él es un compañero”, cuenta Alba.

(Fuente: Vida Dura – http://vidaduratv.com/index.php/ver-historias/360-con-paciencia-y-fe)

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